No Mueras para que Otro Viva.

 

Hace unos días, con toda esta tragedia del doble terremoto en Venezuela, he estado navegando en una serie de videos que muestran lo duro que fue este acontecimiento. Si les soy honesto, muchos de esos videos —por no decir todos— me conmovieron profundamente. Sin embargo, también me llena de alegría ver que el pueblo venezolano es unido, que son verdaderos amigos, compartiendo lo poco o lo mucho que tienen con los rescatistas que llegaron a ayudar.

Pude ver un video en el que celebraban el cumpleaños de un rescatista; todos a su alrededor le cantaban al cumpleañero y me llenaba yo de una gran admiración por ese espíritu que no se deja doblegar, muy a pesar de la adversidad.

Yo visité Venezuela hace muchos años y encontré gente muy amable y jovial; me hicieron sentir como en casa y ese sentimiento me acompañó con el correr del tiempo. Por eso esta tragedia también me tocó profundamente.

Como te decía, navegando entre tantos videos encontré uno que me llamó profundamente la atención: una chica que lloraba y le reclamaba a un sujeto que se había burlado de esa desgracia. Ella decía que, por las condiciones que a veces tienen que vivir como extranjeros en otras tierras, les toca aguantar burlas, bromas pesadas y un sinnúmero de situaciones. Decía que, para ser aceptada, muchas veces tenía que reírse de todas esas bromas salidas de tono, solo por encajar, para no ser despreciada o marginada. Me puse a reflexionar y llegué a la siguiente conclusión:

No es justo morir para que otro viva; no es posible tragar malestar solo para no caer mal o para no molestar. En la vida tenemos que elegirnos a nosotros mismos siempre. Los demás no pueden ser más importantes que nosotros, pero hay muchas personas que van cargando por la vida la herida del rechazo, y desde esa herida lo permitimos todo.

Entiendo que esta amiga aceptaba todo su martirio por ser extranjera, pero ni aun así podemos ser permisivos con las cosas que están mal.

Después de ver todo su video le escribí, le expresé mi cercanía sin conocerla y le dije que jamás volviera a permitir que la pisotearan, que ella vale muchísimo. Le dije: «No mueras para que los otros vivan».

Yo no soy experto, ni pretendo que me tomen siquiera como conocedor. Todo lo expreso desde mi perspectiva y desde mi análisis, los cuales pueden equivocarse; estoy muy claro de que sí. Pero como la opinión es libre, entonces puedo adueñarme de esa premisa y opinar con respeto.

Espero que todo esté mejorando para esta amiga.

Ánimos a los hermanos venezolanos.

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Juan R. Quintana Bárcenas.

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