Hoy, mientras ejercía mis funciones laborales, decidí compartir uno de mis poemas y, mientras lo hacía, me llegó una idea a la cabeza.
Me monté en una máquina del tiempo y retrocedí al año 1997, al viejo salón que fungía como laboratorio de computación en mi alma máter.
Recuerdo que en ese entonces nos regalaban a cada estudiante una tarjeta con 10 horas para hacer uso de una computadora del laboratorio. Pero no crean que me refiero a una tarjeta como las que vemos en la…