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Mis Caminos

6061670091?profile=RESIZE_710xPublicado por Vicente Cabán el 17 de junio del 2020 a las 11:10 pm

¡Saludos y bendiciones!!!

Es para mí un orgullo y un privilegio presentarles la publicación de mi libro Mis Caminos. Este, mi primer libro, fue el resultado de querer rescatar y plasmar memorias, casi en el olvido sobre peregrinajes por los caminos de Santiago de Compostela en España y el Cañón del Chicamocha en Colombia, Sur América. Escribir este libro para mi fue un doble sueño. Por un lado, realizaba la ilusión de escribir un libro mientras que, por el otro lado, mientras escribía,  iba reviviendo mis aventuras, anécdotas, peregrinajes, y locuras de otra vida pasada. Ahora que el libro es una realidad puedo compartir con ustedes momentos íntimos y significativos de una parte de mi vida. Al mismo tiempo tengo una valiosa fuente donde puedo ir a deleitarme cuando el caminar para mi sea historia del pasado. Como si fuera un sueño podre revivir épocas pasadas. Este libro hará que la ilusión nunca muera en mí.

Gracias a muchos de ustedes, quienes ya han leído el libro, por sus comentarios entiendo que la semilla de querer, o volver a hacer el Camino de Santiago de Compostela ha sido sembrada. A otros quienes también han leído el libro y no tenían en agenda hacer el Camino les ha despertado la curiosidad.

Para mi seria un honor y una gloria si este humilde libro, de alguna manera, sirviera de inspiración a aquellos que piensan continuar su peregrinaje por los caminos de Santiago de Compostela, o a los que en su peregrinar por la vida buscan beber de la fuente de la aventura. Muchas gracias por hacer esta parada en mi blog y regalarme algo de su tiempo.  ¡Buen Camino!   

 

 

 

 

 

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Lanka y los hijos del Sol

Hola buenos dias a todos, mi nombre es Hugo E.Mejia, solo quiero expresar la satisfacion que tengo al ver que muchos de ustedes también son primeros autores o que apenas realizaron su sueño de pulbicar un libro, primero que todo se lo difícil que pudo haber sido cuando uno tiene un sueño de exponer su idea plasmadas en letras, tal vez porque nunca habiamos hecho algo así antes, o quizás si tenian conocimiento de literatura, en mi caso fue mas difícil, yo comence hace muchos años atrás dibujando mis primeros personajes, de hecho la idea solo se limitaba a eso, dibujos de personajes fantasiosos, el hecho fue que como inicie con dibujos llegó el tiempo que tenía muchos personajes y un amigo me dijo:  "porque no haces una historieta, crea una historia donde involucre a tus pesonajes  o un libro donde hables de ellos." asi fue que decidí crear una historia con mis personajes, hubo mas gente interesada en esto,primero los familiares que a pesar que tu trabajo no es bueno o profesional, en mi caso mis dibujos no tan buenos, aún así te dan ese empuje de animarte a hacer algo más que solo dibujos; pasaron los años y la desidia con miedo no te debajan avanzar hasta que llega un punto en dar el siguente paso, escribí mis primeras hojas y luego se hicieron capitulos y al final esta historia que para mi sentir tiene muchos errores de redación, de puntuación o de ideas, pero saben que, aún así decidí publicar, asi que primero Dios. Este es mi libro: Lanka y los hijos del Sol, por Hugo E. Mejia, llena de simbolos y suenos realizados.

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Mi saludo y mi presentación.

Con gran gusto y regocijo, doy la bienvenida a quien me lea, esta es mi primera participación aquí y me sentiré más contento de saber que leen mi saludo, comentarles que he leido sus aportaciones en esta página y les percibo cierta ansiedad.
Agradecer a Luis Crowe director de la editorial Ibukku LLC, a quien debo agradecer la publicación en Amazon, ojalá quieran leerme, yo procuraré adquirir su libro y los leeré con todo gusto.
Deseo que todos estén bien pues, porque como aquel título de "El amor en tiempos del cólera" del gran Gabriel García Márquez, vivimos tiempos de "covid" que no parece un mal menor a pesar de que ahora los avances tecnológicos y el haber más y mejores medicinas no se encuentra medicina efectiva, en contraste con aquellas tiempos en que, no había forma de curar a quien enfermaban, según vi la película porque el libro, no me he dado tiempo de leerlo aunque lo adquirí después de ver la película.
En fin, deseo que todos tengan el éxito que esperan de su creación y los felicito por su dedicación y gusto por la escritura.
Les quiero contar que en mi haber existen más de 3 mil libros de proyecto que es de lo que vivo pero este sólo era un libro para una empresa a cambio del costo de un proyecto de Ingeniería para la industria, en contraste con "Historias de una Vida Feliz" que intenta retratar, dibujar con letras las vivencias de un niño que, como todos los niños vive aventuras, mismas que por inolvidables, es que las quise escribir, pienso que se identificaran conmigo y tal vez los inspire a escribir sus propias vivencias.
Les gustará, estoy seguro, que tengan un fantástico día y espero me permitan seguir participando.

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Dramatizando la vida de Jesucristo

El libro de dramas de Jesucristo es un libro con diferentes temas cristianos para la iglesia, teatro, actividades en la escuela ect:

1.Drama para navidad.Tema: Los magos visitaron a Jesús.

2.Drama para actividad de semana santa.Tema: Las marcas que Jesús nos dejó.

3.Drama de Semana Santa. Tema: Mirando las tres cruces.

4.Drama de Semana Santa. Tema: Cristo Resucitó.

5.Drama Tema: Cristo viene pronto.

6.Historia de la vida real de la autora Luz N. Salgado.

7.Drama para el dia de las madre. Tema: El amor incomprencible de mamá.

8.Drama Tema: Un encuentro ante de la muerte.

9.Drama Tema: Vuelve a casa.

10.Drama Tema: Lo que ofrece el mundo

11.Drama Tema: No juegues con la última esperanza.

 

Autora: Luz N. Salgado

 

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Cice: Una mirada fugaz

Biografía ficción

Autor; Homero de la Garza

CICE: Una mirada fugaz

Sinopsis:

A los 86 años de edad, y tras un prolongado autoexilio de casi medio siglo, Cice regresa a Random, la ciudad en la que creció. Antes de llegar y cumplir el propósito que lo ha traído de regreso, se detiene y hace un repaso de pasajes de su vida en aquel lugar, donde amó, pero también se enredó en amoríos, y donde se afanó por realizar grandes sueños idealistas, a veces empañados por las distracciones de su naturaleza humana, y también por la ausencia de objetivos claros, lo que le condujo a navegar una vida a merced del viento.

De una manera fugaz Cice repasa otros recuerdos, como los de su infancia que lo alegran y emocionan, u otros no agradables como los de aquellas extrañas y en ocasiones absurdas formas del ejercicio del poder público, donde el ego y algunos excesos llegan a regir parte del actuar de los jerarcas políticos.

No olvida algunas sorpresas que le dio la vida en lo laboral y en el amor, unas veces por ingenuo, otras veces por desenfocado, y en ocasiones porque así es la vida. Ya en su vejez tiene conciencia de que perdió algunas oportunidades de discernir de mejor manera y tomó decisiones equivocadas, pero sabe también que logró mejorar en sus intentos por ser la mejor versión posible de sí mismo.

Los rasgos de vida que nos muestra Cice son tan comunes y terrenales, que pudieran ser de cualquier persona y de cualquier parte del planeta, incluyendo los habitantes de la Nación de la Independencia, en donde Random es la capital de la Provincia de Los Fuertes.

 

Sobre el Autor:

Homero de la Garza

Mexicano nacido en 1956, es Ingeniero Civil por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (1977).

Durante 42 años de ejercicio profesional ha combinado etapas entre el servicio público (18 años) y la empresa privada (24 años), en donde se desempeña ahora.

Después de muchos años anhelando escribir, en 2019 presenta su primera obra.

 

 

 

 

 

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Tu Pareja Ideal no es la "Perfecta"... es la Pareja Posible.

La posibiildad de consolidar y disfrutar plenamente una relación de pareja adecuada (para cada cual), algo único e irrepetible, es algo que depende fundamentalmente del compromiso personal y de contar con una estrategia apropiada. Ya lo decían los griegos, unos 400 años antes de cristo:

Lo que determina el verdadero éxito en cualquier acción, y que sea sostinible, es el método, la técnica y contar con

un procedimiento eficaz, tanto para objetivos personales como para cualquier otro logro que se aspeire obtener

Y esa ha sido la motivación esencial de este libro, vale decir: brindar al lector una posibilidad de llevar a la práctica una estrategia que le permita lograr su propio sueño de lo que signifique para cada persona ese concepto de "Pareja Ideal", y tal es efecto que se propone con las 7 Tareas que conforman el corazón estratégico de esta obra. En este sentido se pronuncia muy asertivamente el Dr. Juan Carlos Branger, a través del Epílogo que escribio para este libro: "Tu Pareja Ideal Son TRES". Creo que sus palabras lo explican mejor:

EPÍLOGO DEL LIBRO

Ha sido para mí un honor y un placer haber leído lo que considero, en mi humilde opinión como especialista en este tema de las parejas, el libro más actualizado, útil y pragmático de nuestra era sobre este importante tema… ¡Al fin! Ya hacía falta un texto que fuera tanto informativo como práctico y permitiera a la vez, a los afortunados de leerlo, tener una referencia para la cotidianidad, actualizada y visionaria de lo que verdaderamente es el amor de pareja, y lo que será en los tiempos que siguen avanzando, y para el futuro por venir… ¡EN HORABUENA!

Bajo mi óptica especializada en Psicoterapia de Parejas, y como Médico, sentí al leer este libro que me estaba “leyendo a mi mismo” en mis consultas; y de hecho, muchas frases utilizadas en esta obra, asertivamente, según mi criterio, las he venido utilizado con mis pacientes y están expresadas en forma similar en mi próximo libro; pero además, el sentido que este libro plantea con dichas frases, y en sus conceptos muy bien hilvanados, así como los ejercicios conductuales que se proponen para practicar lo que aquí se ha llamado “Las 7 Tareas” (base de la propuesta), y las visiones generales expuestas sobre el tema, son dignas de citarse como referencia bibliográfica, y merecen considerarse como aproximaciones teórico-conceptuales de los diversos asuntos sobre las parejas, y muy especialmente sobre la evolución de la vida en pareja. Definitivamente esta obra debería ser conocida por todos los interesados en el tema, y no puedo menos que aplaudir este maravilloso aporte.

De mi parte, seré de los primeros en compartir esta información, y la usaré con mis pacientes, pues no me cabe ninguna duda que esta obra titulada, muy adecuada y oportunamente: “Tu Pareja Ideal son TresTú, Yo y Nosotros”, es el libro que hacía falta en nuestra era. A través de un lenguaje simple pero profundo, y a la vez sencillo pero visionario, este libro revela muchos mitos y falsas creencias en torno al tema del amor y de las relaciones de pareja.

Siento también que el trato considerado de José y Lorena, respetuoso y sensible, con el que se dirigen al lector, permite vivir una experiencia nutritiva y edificante que todos deberían experimentar, aun cuando algunas personas no quieran tener pareja, ya que (cuando menos) les permitirá tener una acertada referencia de
lo que es saludable, si apareciera la oportunidad del amor en pareja.

Durante siglos se ha escrito sobre el amor y las parejas, pero era hora de actualizar el tema a la nueva realidad de las relaciones humanas. Esta obra será
de referencia obligatoria para mis pacientes, porque al corregir nuestros errores de concepto, podemos ‘limpiar el amor’ y compartirlo desde el lugar más sano
de nuestro ser, al cual nuestro instinto gregario-genético nos impulsa: ¡El Nosotros! 

Dr. Juan Carlos Branger.

Médico y Psicoterapeuta de Parejas.

Neurocientífico – LifeCoach & Mentoring.

 

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TU PAREJA IDEAL SON TRES

Hoy quiero compartir con ustedes en el inicio de este proceso editorial del libro "Tu Pareja Ideal Son TRES", el magnífico Prólogo que magistralmente nos regaló la Dra. Aleida Heinz, creo que es la mejor manera de comenzar a hablar de esta obra que tanto promete en ese asunto tan importante y valioso que es la Pareja.

PRÓLOGO DEL LIBRO

El amor es y será siempre un misterio en el cual no debe darse nada por sentado. Todos necesitamos amor en la vida, así que hay que tratar al amor con respeto, tanto el amor que sentimos y damos, como el amor que nos dan y recibimos. 

La tasa de divorcio y de gente sufriendo por amor está castrando el concepto de amor cada día, mientras que sentir amor y hacer el amor son de los mayores placeres de la vida. Hoy en día, muchas parejas alrededor del mundo no saben qué hacer ni como mantener el fuego del amor, eso que yo he definido como ‘Lust’ (sexo apasionado o lujurioso), como parte fundamental de mi nuevo concepto que he llamado “Lovex”, que por cierto es muy coincidente con lo que los autores llaman en este libro “Sexo con Amor”.

José Strongone y Lorena Araujo son unos apasionados investigadores del tema del amor, y de manera simple, objetiva y amena nos dicen que se puede amar y permanecer amando, pero con trabajo, lo que ellos han llamado en esta obra “Tareas”. 

Los autores en este nuevo libro, y bajo ese concepto que han identificado con el sugestivo título de “Tu Pareja Idea son TRES… Tú, Yo y NOSOTROS”, reúnen y dan forma a ciertos elementos críticos para el buen funcionamiento de la relación de pareja, precisamente a través de las mencionadas “Tareas”. Su propuesta es válida, pues ofrecen un modelo viable y fácil de ejecutar para conservar el amor romántico en la vida y una buena relación de pareja, y podría ser incluso esta propuesta una buena manera de mantener el “Lovex” con tu pareja.

Las 7 Tareas explicadas en este libro, y muy bien concebidas por los autores, pueden ayudarte a ti y a tu pareja a mejorar y a mantener el desafiante arte de hacer el amor con amor, aprendiendo y adoptando nuevos y mejores hábitos con los que ambos podrían crear una mejor vida sexual, y en general una mejor relación, a través de la curiosidad, la emoción y la dedicación, para mantenerse conectados y relajados, pero nunca aburridos.

Con una mente alerta y un corazón abierto, los invito a tener una vida en pareja más gratificante, satisfactoria, estable y apasionada, sin importar cuánto pueda durar, y sobre todo con mucho amor y buen sexo… ¡y hasta con un buen vino! Para brindar por el esfuerzo de José y Lorena en realizar “la tarea” de brindarnos su pasión por el amor a través de este acertado y oportuno libro. Nunca es tarde para amar y ser amado con pasión, con amor genuino y compromiso, y todo comienza por ti, al hacer del amor algo posible, grato y armónico; y en eso te podría ayudar este libro.

Aleida Heinz, Ph.D.

Board Certified Sexologist. Sexólogo Clínico. Charlotte, NC, USA.

Autora de “7 Sex Secrets” & “How the Internet Can Lead to Infidelity”

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El relato lo protagoniza Urma, una niña inca con dones premonitorios que les enseña a hablar a un Pichitanka y un Chuchiku, dos aves andinas que le cuentan sus vivencias; el Ayllu[i], al enterarse de ese hecho extraordinario, quiso oírlos y formó un Huñunakuy donde también son ponentes el Qoriqenqe y el Taparaku, enviados divinos que en sus intervenciones trasmiten al Kay Pacha[ii] los mensajes de las deidades que habitan en el Hanaq Pacha y el Ukhu Pacha.

Huñunakuy entrelaza tres tipos de relatos: Las exposiciones de las aves en su paso retrospectivo por el pasado de la civilización Inca; las de sus vivencias presentes y futuras en el otro hemisferio que es completamente diferente al suyo y que generan asombro e inquietud entre los asistentes, no obstante, las examinan en cada aspecto desde su Cosmovisión; y la vida diaria en el Tawantinsuyu, las costumbres de la época, sus retos y la continua expansión impulsada por sus gobernantes que concluye en el Pachakuti[iii], una profecía catastrófica según la cual el Imperio de los Incas sería destruido.

Waskar[iv], el último Inca, en su afán de evitar el Pachacuti convoca en el Qosqo[v] a los expositores del Huñunakuy y, por ellos se entera de la terrible situación de subdesarrollo y corrupción que avasallaría por siglos a sus descendientes. El Inca soluciona ambos problemas forjando el establecimiento de un Nuevo Imperio.

Huñunakuy, imbuido de los Principios andinos de Dualidad Complementaria, Equilibrio y Reciprocidad, nos muestra el modo de reconciliarnos con el mundo y alcanzar la paz y la prosperidad.

 

 

[i] Ayllu.- (quechua) Conjunto de familias ligadas por vínculos de sangre y divinidad tutelar, que conforman un núcleo de producción y distribución.

[ii] Kay Pacha, Hanaq Pacha, Ukhu Pacha.- (quechua) Los tres mundos de la Cosmovisión Inca.

[iii] Pachakuti.- (quechua) Es el tiempo en la cosmovisión Inca, descrito en un ciclo de cosmos (orden) y caos (transformación).

[iv] Waskar.- (quechua -ALQ-)  Duodécimo Gobernante del Imperio de los Incas.

[v] Qosqo.- (quechua -ALQ-) Cusco, capital del Tawantinsuyu.

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CARAS PINTADAS

EN EL

CENTRO CEREMONIOSO

Por: JORGE MESÍA HIDALGO

Dedicatoria: A la inquebrantable labor del Profesor Rubén López Hidalgo,

Investigador Amazónico, por descubrir los velos de la

Cultura Amazónica Sanmartinense.

 

Aquel sábado 20 de junio la ciudad amaneció con una lluvia de regular intensidad y, según informativos radiales, fue igual en casi toda la zona de San Martín. Empecé a tener un sentimiento de preocupación, ya que no cumpliría con la promesa hecha al Profesor Rubén, pero por otro lado, asomaba en mí un sentimiento de tranquilidad, ya que al otro día, precisamente el día Domingo 21 se celebraba el Día del Padre, y me quedaría en casa para recibir visitas y llamadas telefónicas saludándome por tan honroso día. Con el peso de estos sentimientos encontrados, llamé al Profesor Rubén, a media mañana, cuando la lluvia había amainado un poco. Grande fue mi sorpresa cuando el profesor me informó que en la ciudad de Lamas había llovido poquísimo y a esa hora estaba a punto de asomar el sol. Me alegré muchísimo y salí al patio trasero de casa a “soplar al cielo” en un intento de que la lluvia cejara por completo, tal como me lo habían enseñado mis padres y abuelos basados en creencias antiguas. Y, ¿qué creen que ocurrió?, pues nada más y nada menos, al cabo de diez minutos, la persistente llovizna que caía sobre la ciudad de Tarapoto, cejó completamente, dejando un cielo bastante despejado e invitándome a emprender el dichoso viaje. Más tarde, estando en Lamas, el Profesor Rubén me confesaría que, a la hora de mi llamada, la lluvia era torrencial en la Ciudad de los Tres Pisos, calmando completamente después del medio día.

—Hermano, fue una pequeña mentira de mi parte, para que te animaras a venir, —me dijo, dándome un abrazo fraterno.

Más tarde, promediando las cuatro de la tarde, de aquel sábado 20 de junio, hacía mi ingreso a la ciudad de Lamas. Debo confesarles, quizás porque soy natural de tan bella ciudad, que para mí es un placer llegar a ella. Para empezar, desde antes de ver su agraciada geografía, desde la entrada por el Barrio Zaragoza, es un placer sentir su fresco y por ratos frio clima, ver hermosos paisajes en todas las direcciones que orientes los ojos, el majestuoso río Mayo y la impresionante y populosa ciudad de Tarapoto. Luego, avanzando por la carretera, ver el hermoso Barrio de Zaragoza y a un costado el Barrio Suchiche que conforman el primer piso natural de la “Ciudad de la Santísima Cruz de los Motilones” como la llamó su fundador el español Don Martín de la Riva y Herrera. Adentrándose en la ciudad, siempre en pendiente, hasta las proximidades de la Plaza de Armas, empieza la zona plana, denominándose esta parte como el segundo piso. Unas dos o tres cuadras más allá, siguiendo la principal calle de la ciudad empieza la otra pendiente, dando inicio al tercer piso, culminando en la cumbre del cerro donde se encuentra ubicada esta bella ciudad. La casa, pequeña pero acogedora, del Profesor Rubén se encuentra prácticamente en el segundo piso. Me sorprendió gratamente encontrar, en la residencia del Profesor Rubén un buen número de personas, en su mayoría jóvenes, todos entusiastas, que preparaban papelotes escribiendo mensajes de agradecimiento a la naturaleza, al sol, la tierra y toda expresión del medio ambiente, tan sano y puro, aún, en esta parte de la Amazonía Peruana. Son pocos los jóvenes que me reconocieron al ingresar al interior de la residencia, podría decir, incluso, que ninguno de ellos sabía de mi relación familiar con Rubén López, es más, estoy seguro que todos me tomaron como un curioso más que acompañaría a la delegación en expedición de visita al Centro Ceremonioso.

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EL PODER VACANTE

EL LLANO CON IDEAS PARA GOBERNAR

 

Por: JORGE MESÍA HIDALGO

En el Perú, a finales del año 2004, y por qué no decirlo, a lo largo de todo el año, se leía en los periódicos titulares increíbles, en la televisión, en primera plana, anuncios sorprendentes, acerca de la “posibilidad de vacancia presidencial”. Es decir, en palabras sencillas y comunes, que el presidente deje de ser presidente y ocupe su lugar otro con más aptitudes. En buen lenguaje popular, el presidente debería ser despedido por inepto. Muchos no podían creer que eso estaría ocurriendo en el país. Hasta entonces, el ciudadano que llegaba a ser elegido presidente, se investía de poder y mando, que hablar públicamente mal de él, costaba sanción y castigo. Sin embargo, la “clase política” de entonces, con una ingrata experiencia anterior inmediata y heredera de constantes y elocuentes fracasos de gobernabilidad, echaba mano de una serie de malos hábitos y los expresaba a los grandes medios sin ninguna consideración y respeto a la población que, con sus votos, les había otorgado tal privilegio. A tal punto que, una vez faltado el respeto al pueblo que los eligió, los volcaría contra el propio presidente, a vista y paciencia de todos.

Bien se podría imaginar, que tanto bochorno e insensatez en nuestra más alta clase política, terminaría por llegar a las masas en formas más sencillas pero al cual más descabelladas e increíbles. El ciudadano común y corriente que optaba por hacer carrera política, si bien, un tiempo atrás, se preocupaba por pulirse y dar muestras de comportamiento correcto, para ese entonces sólo ansiaba llegar a las esferas del poder, tal como era en su vida normal, aduciendo transparencia y sencillez, pero con ideales de enriquecimiento y poder para hacer lo indebido.

 

* * *

 

Don Miguel, el Profesor Jubilado

Una tarde de esas, cuando el sol ya se había ocultado, luego de un día intenso de luminosidad y calentura, y comenzaba a soplar una brisa suave en la ciudad de Tarapoto, aún con rezagos del sofocante calor que llega a alterar los nervios y el cuerpo siente languidecerse por la pérdida abundante de líquidos, salí como muchos otros a buscar aire fresco que alivie tal sensación. El lugar elegido, la plaza de armas, como lo llamaban antes, hoy, por situaciones de modernidad o actualidad o quién sabe por qué, le llaman plaza mayor. Ya antes, cuando era niño, con la denominación de “armas”, creía que en dicha plaza encontraría armas, pistolas o cosas así. También creía que allí se reunían personas que portaban armas de verdad, para enfrentarse unos a otros. Muchos de mis contemporáneos, amigos y no amigos, pensaban como yo. Nuestros padres, escasos de instrucción y conocimientos, no podían darnos una explicación esclarecedora. Aún hoy, con la denominación de “mayor”, muchas personas, no sólo niños, están confundidas. Por mayor se piensa que es la primera que fue construida, o es la más importante de la ciudad o, también que es la más grande de todas, aunque esta última idea queda descartada, porque conocemos plazas menores que son mas grandes que la mayor. En fin, muchos ciudadanos estamos esperando que la persona que ideó o “construyó” ese nombre, lo esclarezca debidamente.

 

Ahí, en medio de mucha gente con las mismas ansias mías, llegué justo a tiempo para encontrar un pequeño espacio en una de sus bancas centrales. Me senté. Las bancas eran de madera, no muy cómodas. Alguien con mala intención o sin criterio de que ellas sirven para descansar, las fabricó con maderas muy delgadas y separadas unas de otras. De manera que en unos minutos, cinco a lo máximo, te empezaban fuertes dolores en las posaderas que te obligaban a cambiar de posición constantemente. Afortunadamente las poses se agotaban cuando ya te habías refrescado lo suficiente, entonces, rendido ante tanto maltrato de la posada de las cuatro letras, te ponías de pie para caminar entorno del obelisco o caminar de regreso a tu domicilio.

 

Estando ya sentado, rápidamente llamaron mi atención varias mujeres amas de casa o cuidadoras de niños, paseando a infantes en coches descubiertos para que los pequeños se refrescaran. Otros niños, un poco mayores, divirtiéndose en sus bicicletas. Una que otra pareja con sus críos de la mano caminando en rededor de un descuidado obelisco. Los demás, mayores en su totalidad, sentados en las bancas de madera.

 

—Mucho calor ¿no joven? —escuché la pregunta. Inmediatamente volví la mirada hacia aquella persona, dudando si se dirigía a mí o a otra persona, porque a mis cuarenta y ocho años no tenía nada de joven, tan sólo el espíritu.

—Sí, señor, demasiado —le respondí al constatar que era a mí a quien se dirigía, ya que a su otro costado tenía una pareja que amenamente conversaban y acariciaban de rato en rato.

—Debemos estar a treinta y cuatro grados más o menos —calculó el señor de pelos canos y vestir sencillo y elegante. Estimé que tendría sus setenta años y obviamente concluí, que por esa diferencia de edad, veía en mí a una persona joven.

—Sí, más o menos —respondí parcamente. No soy persona de mucho hablar. Me gusta la tertulia pero acompañado de alguna copa de licor.

— ¿Usted es de acá, joven? —me preguntó seguidamente, en una abierta demostración que deseaba conversar con alguien, de lo que sea.

— ¿Usted qué cree?, ¿Parezco de acá? —me animé a repreguntar, entrándole a su descarado interés de armar charla.

—Bueno —dijo observándome muy atentamente— no, no es de acá, es blanco, bien parecido y hasta debe tener los ojos claros ¿no?, los de acá no somos así.

—Ja, ja, ja —reí un poco forzado, para dar seguridad y confianza a la conversación entre dos desconocidos— Que buen observador es usted, no soy de acá, soy de Lamas.

— ¿Lamas?, ja,ja,ja —rió de buena gana, sorprendido— de acá cerca nomás, creí que era de la costa.

—No, no, soy de Lamas, la capital folclórica —repliqué.

—Ajá, ¿Ingeniero?, ¿Doctor?

—Empleado público, y escritor en mis ratos libres y de buena gana —respondí.

— ¿Ajá?, caramba, que bien, mi nombre es Miguel, soy profesor jubilado, tengo 72 años —dijo a modo de presentación tardía, tendiéndome la mano.

—Mucho gusto señor —dije estrechándole la mano— mi nombre es Jorge.

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Don Antenor y Don Pedro, el “Jarra”           

 

Una mañana acudí, acompañando a mi esposa, al mercado más grande de la ciudad a realizar algunas compras. El popular “mercadillo” como lo conocían todos, estaba, como siempre, muy agitado. Así se siente desde una cuadra antes de ingresar en él. Recorrerlo da la sensación de encontrarse en uno de esos mercados populares que existen en las grandes ciudades. Los comerciantes, en su mayoría, inmigrantes de otros lugares de la sierra y costa del Perú y su parte de oriundos de la selva, hacen que éste centro de abastos, ponga a disposición de los consumidores productos de las tres regiones naturales del país.

 

Aquel día, llevé conmigo mi motocicleta importada. Importada no porque podía darme el lujo de adquirirla del extranjero, sino porque no las fabricaban en el país, apenas las ensamblaban en algunas ciudades importantes. De tal manera, que por cuidar, mi movilidad, de los amigos de lo ajeno, tuve que esperar en las afueras del mercado. Me estacioné justo frente a una cantina de mala muerte que expendía licores de todo tipo. Mi intención era esperar todo el tiempo necesario en la motocicleta, sin embargo el inclemente sol, hizo que me refugiara en aquel bar. Estaba relativamente vacío, excepto por dos personas, una que supuestamente era el expendedor, un señor mayor, que estaba sentado junto a una mesa pequeña con unos botellones semivacíos de algún tipo de licor, cada uno de un color diferente. Otra persona sentada sobre un banco redondo, en aparente tertulia con el expendedor.

 

—Disculpe señor —dije, desde la puerta— ¿Me permite un banquito para sentarme mientras espero a mi esposa?

—Claro joven, siéntese nomás —me respondió el que suponía era el expendedor y obviamente el dueño.

—Muchas gracias, disculpe la molestia.

—No es ninguna molestia —dijo el hombre del bar acercándose a mí— Muchos hacen lo mismo, de esa manera cuidan sus motos.

—Sí, pues —respondí parcamente queriendo cortar aquel diálogo. Pues lo único que quería era observar desde aquel punto de vista, el movimiento vehicular, peatonal y comercial del gran mercado, y lógicamente vigilar mi motocicleta.

 

El buen señor, aparentemente se dio cuenta de mi intención, y se metió nuevamente a ocupar su lugar junto a la mesa de los botellones, sin decir nada. Sonriendo. Antes de llegar a su sitio, el otro personaje le dijo:

—Ponle otros veinte, “masha”.

—Ya —respondió el llamado “masha” y le sirvió un poco de licor en un vaso de vidrio. El solicitante lo bebió ávidamente, de un sólo trago. —Ya es suficiente —dijo el expendedor.

—Ajá, ya está bueno, ahora sí a trabajar hermano —dijo el hombre poniéndose de pie y sacudiendo los brazos y las piernas.

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NOVELA: ¿A QUIEN AMA LA SEÑORA LAU? (Extracto)

 

¿A QUIÉN AMA, LA SEÑORA LAU?

Por: JORGE MESÍA HIDALGO

 

En el interior del terminal aéreo limeño me sorprendí aún más. Luces por todos lados, avisos luminosos de colores, el piso brillante como un espejo y resbaladizo para mis rústicas costumbres. Lograron ponerme muy nervioso. Estaba a punto de cubrirme nuevamente el rostro, cuando, para mi buena fortuna, alguien pronunció mi nombre.

— ¿Alberto?, ¿Alberto Maderos?

Miré apresuradamente a esa persona, que, con sus palabras, me lanzaba un salvavidas, en ese angustioso momento.

— ¡Sí, soy yo!, —casi grité, al responder.

Era una mujer de mediana edad, el pelo pintado rojizo, un poco gorda y piel blanca. Sonreí, nervioso y ansioso.

—Hola, hijito, soy tu tía Maricruz. —me dijo, dándome un beso y un abrazo cálido. —Dios mío, estás temblando, sientes mucho frío, ¿no?

 Asentí. En realidad no sentía tanto frío, sino tuve un ataque de nervios. Por eso es que no quise soltar a la tía Maricruz cuando me dio el abrazo.

—Ven, hijo, ponte este abrigo y vamos a recoger tus cosas, ¿traes equipaje?

—Ajá, una pequeña maleta. —respondí. Me tomó de la mano y me condujo al área de entrega de equipajes. —Gracias, tía, por venir a recibirme, estuve a punto de gritar de los nervios, no sabía qué hacer.

—Me imagino, hijito, a mí me pasó igual cuando vine la primera vez. Estuve distraída por eso no me presenté antes.

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Cuando me encaminaba para seguir por el jirón de la Unión, escucho un silbido al costado mío, vuelvo la mirada y me encuentro con un hombre, no mucho mayor que yo, que me hace una señal con la mano. Me acerco.

—Hola, guapo, ¿Buscando compañía?, —me preguntó.

Me sorprendió. De cerca tenía un aspecto extraño, una actitud diferente y la mirada esquiva.

—Estoy buscando trabajo, —respondo, inocentemente. El hombre carraspea y sonríe abiertamente al notar mi acento selvático.

—Yo te puedo dar trabajo, ¿qué tipo de trabajo deseas?, —me dice, siempre mirando hacia diferentes lugares y tratando de tomarme la mano. Instintivamente doy un paso atrás. El hombre se pone serio.

—Disculpa, en serio, ¿de dónde eres?

—De la selva, de Tarapoto, de San Martín.

—Ah, disculpa de verdad, yo creí que eras de esos chicos que vienen a buscar compañía, en serio discúlpame, amigo, yo también soy de la selva, soy de Loreto, de Iquitos.

—¿Así?, ¿también buscas trabajo?

—Más o menos, —me responde. Yo sonrío.

—Bueno, por lo visto acá no hay nada, iré a caminar por el jirón de la Unión, de repente ahí encuentro algo.

—Espera, ahí no encontrarás nada, sólo gente que va y viene y tiendas por todos lados, ¿conoces el jirón?

—No, voy a conocerlo ahora, —respondo; él me toma del brazo.

—Te acompaño, pero de ahí nos vamos por la calle Capón, en el barrio chino, ahí sí hay trabajo de verdad.

Acepto y lo sigo, sin tomar ninguna precaución de que podía ser un engaño. Creí en sus palabras, le agarré cierta confianza cuando me dijo que era de Loreto y caminé con él, por el jirón de la Unión.

—Oye, si sabes que en la calle del barrio chino hay trabajo, ¿qué hacías parado ahí en la plaza San Martín?, —le pregunto mientras caminábamos por el afamado jirón.

—¡Anda!, ¿en serio, no sabes?

—¿Qué hay que saber?. —Él ríe a carcajadas.

—¿Cuándo viniste de la selva?

—Estoy acá desde enero.

—¿Cuántos años tienes?

—Voy a cumplir diecinueve. —Vuelve a reír de buena gana. Yo también río, contagiado.

—Eres bien pichón, pata, seguro ni sabes de los trabajadores sociales.

Lo miro, interrogante. Él me mira y vuelve a reír con más fuerza. Yo callo y miro hacia las tiendas. Me estaba cansando con sus preguntas y sus misterios. Habíamos caminado varias cuadras y empezaba a agotarme.

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NOVELA: PABLIKA, El Jardín de los Claveles (Extracto)

 

PABLIKA: El Jardín de los Claveles

POR: JORGE MESÍA HIDALGO

Pablo Luis se detuvo bruscamente en medio del camino. Había dejado la motocicleta en la entrada del pueblo, al cuidado de don Jacinto, un señor muy amable que vendía sandías junto a la carretera. El camino hacia la casa de sus padres, a unos cien metros, estaba húmedo y resbaloso, dificultando el tránsito. Seguro que llovió la noche anterior. Los alrededores estaban deteriorados. La casa vieja, despintada, desmejorada y el empedrado, desaparecido. Se había convertido en la típica casa de las afueras de la ciudad de Huaral, rodeada de verdor y jardines mal cuidados. Pero más que las dificultades que encontraba para caminar ese trecho que antes era empedrado, haciéndolo más transitable para todos, incluso para los más ancianos como sus abuelos ya fallecidos, eran los recuerdos, que en esos momentos acudían a su mente, lo que lo detuvieron a contemplar la casa desde cierta distancia. Estaba vestido con lo más masculino que su amigo Filder pudo conseguirle. Aun así, temía que sus facciones aniñadas y sus gestos de gay lo traicionaran. Sus ojos se llenaron de lágrimas y un nudo gigantesco se le formó en la garganta haciéndole soltar gemidos grotescos, que salían a borbotones desde su estómago. 

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“FERMÍN”

— ¡Hey, Pablo, ¿estás en casa?—escuchó la voz de Fermín.

— ¡Sí, voy, un momento!—respondió desde el interior.

Pablo Luis y Fermín son compañeros de estudios y amigos desde el año anterior. Fermín llegó a la ciudad, desde el norte, por motivos de trabajo de sus padres y desde el primer momento que se presentaron, Pablo Luis sintió un flechazo en su corazón. Fermín, en su parecer, era hermoso, ojos soñadores de color verde, una sonrisa bella, cuerpo atlético y sobre todo eran de la misma edad. A Fermín le pasó lo mismo, pues le fue difícil retirar la mirada de la mirada de Pablo Luis, tanto que casi fueron descubiertos en ese instante por sus compañeros. Desde entonces llevaron una amistad muy fuerte, muy unida.

Pablo Luis recuerda que desde que cumplió los doce comenzó a sentir atracción por los chicos. Tenía un vecino, dos años mayor, que le tenía atormentado. Soñaba con él casi todas las noches. Lo imaginaba, aún despierto, en situaciones lujuriosas que, en muchas ocasiones, humedecíany manchaban sus calzoncillos y las sábanas de su cama. Afortunadamente, durante las vacaciones, el vecino viajó y fue un alivio para Pablo Luis, porque cuando regresó, todo el atractivo libidinoso que sentía por él,se había esfumado. Hubo otros chicos que también interfirieron en su vida, pero sólo de vista y por temporadas. Pablo Luis jamás se atrevió a manifestar sus sentimientos a nadie. Ni siquiera a su madre, a quien quería con devoción y tenía plena confianza, pero que, en ocasiones le escuchó comentarios con destellos homofóbicos, y eso, de alguna manera, le aterraba.

—Hola, chico bello —dijo, en voz baja, a su amigo Fermín, cuando abrió la puerta. Fermín se estremeció y puso cara de loco—no te asustes, mamá se fue al mercado y papá en su trabajo.

— ¿Y tus hermanos?

—Durmiendo, ya sabes que el día sábado nos permiten dormir hasta tarde—respondió, Pablo Luis, y cerrando la puerta se abalanzó a abrazar y a besar a Fermín, quien correspondió plenamente.

— ¿Está todo listo?—preguntó, Fermín.

— Claro, y veo que tú no trajiste tus cosas.

—Lo traigo en seguida, vine a ver primero si todo estaba bien, ¿Desayunaste?

— Sí, ¿Y tú?

—También, entonces voy por mis cosas, mira que ya van a ser las nueve y debemos estar de regreso antes de las cinco—dijo, Fermín y se acercó a besarlo nuevamente.

En seguida salió para dirigirse a su casa y traer las cosas que tenía que llevar al paseo. Pablo Luis lo vio desde la ventana alejarse en su bicicleta. Sonrió repasando la lengua por sus labios, recordando el apretado beso que le dio su amigo, Fermín.Luego, se dirigió a su habitación y tomó un maletín que tenía preparado para llevar al paseo.

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“EL PASEO”

Aquel día del paseo sería diferente. El campo siempre ofrece más espacios para estar juntos o solos. A veces un chubasco repentino o un sol inclemente, hace que, de a dos, se busque un lugar para refugiarse. Ambos iban acompañados de cinco compañeros de estudios, dentro de ellos, tres mujeres. “Será único abrazar el cuerpo desnudo de Fermín”, pensaba, Pablo Luis, cuando, de repente, sonó el timbre. Era él, precisamente, y traía consigo su mochilade color celeste, el color que más le gustaba. Se apresuró a abrir la puerta. Fermín le entregó la mochila mientras él guardaba la bicicleta en el garaje. Luego, casi corrió para la puerta, pensando en estrechar, nuevamente, a Pablo Luis en un abrazo y un beso, éste lo esperaba en la puerta y le advirtió que su mamá había regresado del mercado.

— ¿Está todo listo?—preguntó, angustiado, tratando de disimular su ímpetu de abrazarlo.

—Ajá, sólo falta la carpa, lo llevaremos en caso que llueva, está atrás, ¿me acompañas a traerlo?—dijo, Pablo Luis, guiñándole el ojo.

Se dirigían al lugar, cuando, de pronto, apareció doña Elena, la mamá de Pablo Luis.

—Hola, Fermín.

—Hola, señora Elena —respondió, él, notablemente sorprendido.

— ¿Insisten en realizar ese paseo?, ¿Y lo harán caminando?, realmente me parece peligroso, desde el inicio no estuve y no estoy de acuerdo—dijo, doña Elena.

—No se preocupe, señora Elena, en el grupo hay dos compañeros que sí conocen, serán nuestros guías.

Doña Elena hizo un gesto de complacencia y se dirigió al interior. La mamá de Pablo Luis era bastante joven, muy atractiva y vestía modernamente. Casi de inmediato, Fermín siguió a Pablo Luis a la parte posterior de la casa, donde había un cuarto pequeño convertido en depósito de herramientas, para recoger la carpa que llevarían al paseo.Ninguno de los dos se dio cuenta que doña Elena iba detrás de ellos a regular distancia. Cuando los chicos, en su parecer, estaban solos, se entregaron a los abrazos y besos apasionados. Expresiones de amor y cariño brotaban de ambos. Fue en esas circunstancias que los vio doña Elena. En el acto se frenó en su avance. Los contempló por unos segundos y se llevó la mano a la boca, para tapar un posible grito de sorpresa. Acto seguido, como una autómata, giró el cuerpo y regresó sobre sus pasos y fue directo al cuarto de Manuel, el hermano menor de Pablo Luis. Sentía un fuerte dolor en el pecho, a la altura  del corazón.

Cuando Pablo Luis y Fermín se agotaron de los besos y abrazos, tomaron la carpa y se dirigieron a la parte frontal de la casa, ahí ya se encontraban los demás integrantes del grupo, listos para partir. Pablo Luis avisó a Fermín que entraría a despedirse de su mamá.

— ¡Mamá, ya nos vamos!—gritó desde la puerta. Al no escuchar respuesta, ingresó a buscarla—¡Mamá, ¿Dónde estás?, ya nos vamos!—volvió a gritar.

— ¡Está acá, en mi cuarto!—escuchó la voz de Manuel. Trató de ingresar a la habitación pero estaba con seguro —¡Dice que te vaya bien, sólo quiere descansar un poco!

— ¡Ah, ok, en la tarde estoy de regreso!, ¡Nos vemos, mamá, chao, Manuel!

Esperó a escuchar una respuesta, pero sólo hubo silencio, luego se encaminó a reunirse con sus amigos para emprender el paseo. Todos pronunciaron a viva voz un, “¡Chao, señora Elena!”, y partieron.

 

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NOVELA: EL ROJO CANDOR DEL PASADO (Extracto)

 

EL ROJO CANDOR DEL PASADO

 

Por: JORGE MESÍA HIDALGO

 

Más allá divisó una gran puerta, inmensa, para ella. Se acercó. Las luces de las casas casi no llegaban a ella. Pudo darse cuenta que estaba hecha con maderas angostas entrecruzadas, que dejaban espacios por donde se podía mirar al otro lado. A través de uno de ellos pudo ver al interior, estaba oscuro, pero claramente se distinguía un barco enorme, y otros, más pequeños, también. —“Este es el puerto”, —pensó. Siguió mirando sin percatarse que a su lado llegó alguien.

—Hey, debes retirarte de acá, —escuchó la voz de un hombre. Linda saltó del susto. Miró y se dio cuenta que era un muchacho. Sin decir palabra alguna, retrocedió unos pasos hasta casi caer de espaldas al tropezar con un montículo de tierra. El muchacho vestía de una manera peculiar: camisa manga larga con unas orejas en los hombros y pantalones holgados, unas botas que le llegaban hasta la rodilla y en la cabeza un gorro grande que colgaba por un lado. Toda la indumentaria de color gris oscuro. —¡Cuidado!, no te asustes, sólo retírate hacia allá, —indicó, el muchacho, señalando la calle iluminada por las lámparas de las casas.

— ¿Tú cuidas el puerto?, —preguntó, Linda, desde cierta distancia.

—Ajá, soy marinero, dentro de un rato termina mi turno, vendrá otro a reemplazarme, —contestó.

— ¿Marinero?, ¿qué es marinero?, —preguntó, Linda. El muchacho sonrió.

—¿De verdad no sabes o me estás tomando el pelo? —Linda  movió la cabeza negando. — ¿Cuántos años tienes?

—Ya voy a cumplir doce, —respondió, ella. El Muchacho marinero volvió a reír, esta vez, con más ganas.

—No jorobes, —dijo, en voz baja y se encaminó hacia una especie de cuarto pequeño que había al costado de la gran puerta.

— ¿Tú manejas el barco?, —preguntó, Linda, casi gritando. El muchacho se acercó a ella con paso firme.

—No grites, muchacha, y aléjate de acá, además, es peligroso que estés andando sola en este lugar, —dijo.

—No sé a dónde ir, no encuentro a mi tía Mabel, —respondió, Linda, —con ella voy a viajar a Iquitos, ¿tú manejas el barco?, —volvió a preguntar.

—Mejor cállate, muchacha, el barco no se maneja, el barco se navega, ¿entiendes? —Linda movió la cabeza negando y afirmando a la vez. El muchacho marinero sonrió. —Ah, ya entiendo, no eres de acá, ¿eh?. —Ella afirmó con la cabeza. — ¿De dónde eres?, —preguntó, él.

—Mi pueblo queda lejos, un día caminando y dos días en balsa, —respondió, Linda.

— ¿Y, has venido sola?

—No, he venido con mi tía Mabel, con ella voy a viajar a Iquitos.

— ¿Dónde está tu tía?, —preguntó, él.

—No sé, no la encuentro desde la tarde, —respondió, Linda. El muchacho se le acercó un poco.

—Mira, yo te voy a ayudar a encontrar a tu tía, espérame allá, siéntate en esa vereda, en cuanto vengan a reemplazarme vamos a ir a buscarla, ¿está bien?

—Ajá, está bien, —dijo, ella, y fue a sentarse donde, el muchacho, le había indicado.

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Corría una brisa fría en aquella parte del puerto. Linda comenzó a sentir frío y no tenía con qué abrigarse. Cruzó los brazos y arrimó el mentón en las rodillas, sentada en la vereda que el muchacho marinero, le indicó. De pronto lo vio acercarse.

— ¿Ya ves?, ya estoy libre, —dijo, al llegar a su lado. Linda sólo lo miró. Estaba tiritando de frío, sin ánimo de hablar ni levantarse, siquiera. —Vamos, —le dijo, él, tomándole del brazo. —Pucha, estás helada, vamos a mi cuarto te daré una camisa gruesa manga larga, ¿quieres?, —dijo, el muchacho. Ella apenas movió la cabeza y se dejó llevar. Él la abrazó, tratando de cubrirle los brazos, para abrigarla un poco. —También te darás un baño porque hueles mal, — dijo, el muchacho, al tenerla cerca, —¿De verdad vas a cumplir doce años?, —preguntó, de pronto.

—Ajá, —respondió, ella, sin inmutarse.

— ¿Cómo te llamas”, —preguntó, él.

—Linda Fuerza, —alcanzó a pronunciar, ella.

— ¿Linda Fuerza? —repitió, él, riendo— Parece que no tienes nada de fuerte, más pareces un delicado pollito. —comentó y siguió riendo.

— ¿Tú, cómo te llamas?, —preguntó, Linda.

—Manuel, —respondió, —pero no te voy a decir mi apellido porque te vas a reír.

Linda movió la cabeza sonriendo, por primera vez se sentía segura, al lado de aquel extraño, que empezaba a conocer.

— ¿Cuántos años tienes?, —le preguntó, arrimando un poco la cabeza sobre el hombro del chico marinero.

—Voy a cumplir 16 el próximo mes. —Linda lo miró con una sonrisa.

— ¿Cómo te has hecho barquero?, —preguntó. El muchacho rió fuerte.

—Soy marinero, no se dice barquero, —corrigió y siguió riendo de buena gana. Siguieron caminando hasta llegar a una casa, en una calle adyacente, —aquí vivo, —dijo, Manuel, el chico marinero, al abrir la puerta.

 

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Cuento: El Pintor de la Aldea.

 

EL PINTOR DE LA ALDEA

Por: Jorge Mesía Hidalgo

Era el pintor más cotizado de la aldea. Lo buscaban y lo contrataban desde los pueblos aledaños y de un poco más allá también. Don Pablito se caracterizaba por hacer muy buenos trabajos con los cuales dejaba a total satisfacción a sus clientes. En las décadas de los cincuentas y sesentas, Don Pablito con sus cincuenta y dos años, “clavados”, como él mismo decía, recorría la Amazonía peruana brindando sus servicios de alta calidad. Don Pablito no se preocupaba de pasajes, hospedaje y alimentación, porque aquel que lo contrataba, ya sea de pueblos cercanos o lejanos, tenía que correr con esos gastos. Él sólo brindaba su servicio con el aporte de su gran talento para la pintura dejando con la satisfacción total a todo cliente que lo contrataba.

Don Pablito era un poco bohemio. Algunas noches se le veía por el centro del pueblo, iba de cantina en cantina, tomándose sus tragos y cantando algunas rancheras que en esos tiempos estaban de moda. Una canción que le caracterizaba, porque era su preferida y en cada ocasión la cantaba, era “Flor sin retoño”. Lo ponía tan nostálgico que en muchas ocasiones lloraba evocando, quién sabe qué cosas vividas. Pero Don Pablito era un caballero, jamás se le encontraba en una discusión acalorada y menos en peleas y escándalos callejeros, lo que le convertía en un personaje querido y respetado.

Cierta vez arribaron al pueblo dos personas adultas. De vestir estrafalario, melenas largas y desgreñadas. Uno de ellos extremadamente blanco y de ojos de color azul intenso. El otro más oscuro de piel sin llegar a moreno y color de ojos negros como el azabache. Ambos cargaban sendas mochilas, al parecer muy pesadas, las mismas que depositaron sobre una banca de la plazuela del pueblo. Como era de imaginarse, ni bien los foráneos pusieron pie en suelo aldeano, muchos curiosos, hombres y mujeres, se acercaron a ellos para indagar su procedencia y el motivo de su presencia en el pueblo.

—Hola, niños, ¿Por qué me miran tanto? —preguntó el de piel blanca a dos niños que se acercaron incluso a palpar con sus dedos la piel del extraño.

—Les llama mucho la atención el color de tu piel —comentó, su compañero.

Ambos rieron de buena gana. Entre los curiosos que rodeaban a la pareja de visitantes, se encontraba Don Pascual, la autoridad de la aldea. Autoridad porque, según él, había recibido una carta del gobierno central designándole su representante en el pueblo. Todos le creyeron aunque nunca había mostrado el susodicho documento.

—Buenos días, señores, como autoridad del pueblo les doy la bienvenida y debo pedirles, muy respetuosamente, sus identificaciones. —dijo, Don Pascual.

Ambos hombres sonrieron al saludar a la autoridad e inmediatamente extrajeron de sus mochilas los documentos de identificación solicitados por Don Pascual.

— ¿Qué autoridad tiene usted, señor? —preguntó, uno de los viajeros.

—Ah, mi nombre es Pascual Buenaventura y soy presidente del pueblo, señores. —respondió, orondo, Don Pascual— ¿De dónde proceden, caballeros?

—Acá tiene nuestros documentos, yo soy de Bolivia y mi compañero es de Uruguay. —dijo, el de tez oscura.

—Ah, muy bien, ¿Y a qué se dedican, señores?

—Somos pintores, señor presidente, hemos venido a hacer algunos trabajos con la naturaleza de esta región que nos parece extraordinaria.

Don Pascual, al escuchar la explicación de los visitantes, se rascó la cabeza. Los miró fijamente y tomándose la barbilla, les dijo:

— ¿Están seguros de lo que van a hacer, señores?, porque acá tenemos un extraordinario pintor y siendo yo la autoridad  no me enteré de esos trabajos que van a hacer en la naturaleza. —dijo, don Pascual.

— ¿De verdad?, qué bueno conocer a un colega. —Dijo, el uruguayo— ¿Cómo se llama el pintor? ¿Podemos conocerlo?

—Claro que pueden conocerlo, se llama Pablo, pero todos acá lo conocemos como Don Pablito, es un maestro en su arte, es sencillamente extraordinario. —se explayó en halagos, Don Pascual.

Los extranjeros se miraron y pidieron a Don Pascual les conduzca a conocer al excepcional personaje, pintor como ellos. En el trayecto, camino a la casa de Don Pablito, el presidente del pueblo seguía resaltando las cualidades y virtudes del pintor de la aldea. Cuando arribaron a la casa de Don Pablito, encontraron a éste, sentado sobre una mecedora en el umbral de su casa.

—Buenas tardes, Don Pablito, disculpa la molestia, estos dos caballeros extranjeros, pintores como usted, quieren conocerlo. —dijo, Don Pascual.

Don Pablito, que en esos momentos dormitaba un poco, se sobresaltó ante la intromisión inesperada del presidente del pueblo. Vestía sobriamente una camisa manga larga color celeste, pantalón azul y unas chancletas de cuero que había comprado en uno de sus viajes a realizar su trabajo. Casi de inmediato, se puso de pie y sonrió para disimular, un poco, lo tenso que le puso la visita sorpresa.

—Buenas tardes, Don Pascual, caballeros. —hizo una pequeña reverencia, Don Pablito— ¿En qué puedo servirles?

Ambos extranjeros se acercaron a dar la mano a Don Pablito, haciendo una reverencia en respuesta al saludo del gran pintor de la aldea.

—Es un honor conocerlo, maestro. —dijo, el boliviano— Acá el presidente del pueblo nos comentó maravillas de su arte, y quisiéramos platicar un poco con usted acerca de las técnicas que aplica y la corriente a la que pertenece.

Don Pablito que mantenía una sonrisa parsimoniosa hasta ese momento, hinchó el pecho para decir.

—Bueno, las técnicas que aplico son simples, hay que disolver correctamente la tierra blanca y aplicar la ceniza y el carbón molido justo en su medida para lograr el tono adecuado, y lo otro, no pertenezco a ninguna corriente, porque acá no hay, ¿Saben?, pero en la última ciudad que fui a trabajar, ahí sí pasa un río grande, a esa corriente quisiera pertenecer. —dijo, Don Pablito y comenzó a reír jactanciosamente.

Los dos extranjeros se miraron atónitos. También miraron al presidente del pueblo quien sonreía con el pecho henchido de emoción de escuchar la exposición maestra que hizo Don Pablito, el pintor de la aldea. Volvieron a mirar a don Pablito.

—Maestro, pero, ¿Qué pinta usted? —preguntaron, los visitantes, al unísono.

—Se podrán dar cuenta en el pueblo, ahí está toda mi obra, yo pinto casas, señores. —dijo finalmente y volvió a sonreír, orondo.

Los dos extranjeros no hicieron más que soltar sonora carcajada y celebrar junto con el pintor de la aldea y el presidente del pueblo, tremenda ocurrencia.

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